Hoy es primero de mayo y, aunque me había propuesto empezar a escribir más seguido, hace ya más de dos meses que no lo hago. Lo curioso de esta pausa (a diferencia de las otras) es que fue precisamente cuando me propuse empezar a hacerlo con más seriedad, con intenciones comerciales, laborales, o algo así, que dejé de escribir por completo. ¿Coincidencia? No lo creo.
Hoy es Primero de Mayo y es el Día de las y los Trabajadores. Hoy tuve la desgracia de cruzarme con más de un video de influencers o creadores de contenido (o como sea que se le llame a esta nueva actividad que consiste en decir boludeces en internet y cobrar por eso) donde argumentaban que tomar el feriado de hoy como día de descanso es un error y que todos los trabajadores disconformes con su empleo tienen que aprovechar la jornada libre para dedicarse a mejorar sus emprendimientos, a crear nuevos contenidos, a reinventarse y buscar nuevos modos de vida por fuera de la relación de dependencia.
Y lo cierto es que, luego de la indignación (que, debo confesar, duró mucho y fue intensa), me puse a reflexionar un poco más a fondo sobre el cambio de paradigma laboral en esta “batalla cultural” que se libró desde las derechas más radicalizadas y sobre los derechos de las y los trabajadores —o sobre uno en particular: el derecho al descanso.
Que el tiempo libre ya no existe no es novedad. Y no me refiero solo a que la mayoría de los adultos que viven en este país dependen del pluriempleo para subsistir: el tiempo libre no existe ni siquiera para quienes gozan de tiempo libre.
Incluso las personas privilegiadas que pueden vivir de un solo trabajo están siendo impulsadas a utilizar su tiempo libre como vía de producción: ya no existe más el hobby, no existe más hacer una actividad por el solo hecho de hacerla, todo lo que haga un ser humano debe necesariamente generar dinero o dar algún tipo de resultado. Por ejemplo, cada vez es menos común que la actividad física sea practicar un deporte en equipo para divertirse, o salir a caminar con una amiga y ponerse al día mientras se activa el sistema circulatorio. Ahora nos quieren convencer de que los ejercicios de fuerza son los únicos que sirven y que si no los hacemos vamos a sufrir las consecuencias de la sarcopenia (la nueva palabra de moda en el mundo fitness), y así, la actividad física dejó de ser un esparcimiento para convertirse en una obligación de salud. Lo mismo pasa con la cerámica, el tejido, el bordado y otros pasatiempos que solían realizar las señoras mayores para no aburrirse en su casa. Hoy todo tiene que ser un emprendimiento o una vía para la generación de contenido en redes.
Ese bombardeo de exigencias, que va desde la nutrición hasta las actividades recreativas, nos reconfigura la mente y no solo nos hace creer que descansar está mal, que tener tiempo libre u ocioso es vagancia, sino que también nos condiciona a una búsqueda incesante por la mejora continua, como si fuéramos una máquina que debe ser perfeccionada desde los hábitos más básicos de la vida hasta las actividades más relevantes que desarrollamos.
En fin, todo tiene que tener un porqué, todo tiene que tener un propósito y si ese propósito no se vincula con la salud física (porque de la salud mental no se acuerda nadie), definitivamente viene por el lado económico.
En esta nueva realidad donde la productividad es mandato, el ocio se vuelve un modo resistencia.
La lucha que nos debemos las y los trabajadores es la del tiempo libre. Y por supuesto que eso viene de la mano de un salario digno que nos permita vivir con solo una jornada diaria de ocho horas laborales, y va de la mano de vacaciones pagas y feriados para compartir con la familia sin tener que acudir a un segundo o tercer empleo, y va de la mano del derecho a enfermarnos y seguir percibiendo ingresos. Por supuesto que el derecho al tiempo libre es subsidiario de otros derechos que nos fueron arrebatados, pero no nos olvidemos de nuestro derecho a ser improductivos, a realizar actividades que no sirvan para nada (como escribir estas palabras, por ejemplo), que no den ningún tipo de ganancia.
Solo por hoy, primero de mayo, quiero reivindicar el derecho de las y los trabajadores a no hacer nada.
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